4.1.- Características  Generales de los Procesos de Independencia

El proceso  de independencia va a ser distinto en cada uno de los virreinatos americanos, no por ello dejan de compartir una serie de características, entre las que destacan:

 -Proceso protagonizado por las minorías criollas y blancas, en el que la población indígena se vio relegada.

-Los procesos tuvieron  un carácter autoritario y caudillista, no promoviendo un cambio social, sino
un cambio en la titularidad del poder.

-Fueron procesos largos y complejos, en el cual no sólo se luchó contra los españoles, sino que también se produjeron enfrentamientos entre los propios americanos.

-La estrecha relación entre el proceso de independencia y la evolución de España: ya que la invasión francesa será aprovechada para proclamar la independencia, mientras que la vuelta al absolutismo por parte de Fernando VII impulsará el liberalismo en América. Por último, las tropas que en 1820 se levantan en España contra el absolutismo de Fernando VII y a favor de la Constitución de Cádiz, estaban destinadas a América para sofocar las rebeliones. El que esas tropas no llegasen a América facilitará la definitiva independencia.

 El 1 de enero de 1804 fue proclamado el nuevo Estado republicano de Haití  que se erigía frente a las colonias ibericanas como como un ejemplo de emancipación.

4.2.-México y América central

4.2.1.- México 

En el mes de agosto de 1808, al recibir la noticia de que la junta central de Sevilla exigía a las colonias españolas el reconocimiento de su soberanía, el virrey de Iturrigaray se apoyó en el cabildo de la Ciudad de México, para organizar una junta de gobierno que, como la de Sevilla, gobernase a nombre de Fernando VII. Pero la facción peninsular vio como un intento de Iturrigaray por separarse de España y, tras aprenderlo como cargo de traición, fue sustituido por Pedro de Garibay, quien prestó el juramento a la Junta Central de España.

Pero otras insurrecciones estaban gestándose entre los criollos, particularmente los de la próspera región del bajío. A principios de 1810, el avance napoleónico en España produjo la caída de la junta de Sevilla. Estas circunstancias constituyeron el detonante de los movimientos libertarios prácticamente en toda la América española.

En México, la conspiración de Querétaro encabezada por el criollo Ignacio Allende, fructificó el 15 de septiembre, el levantamiento dirigido por Miguel Hidalgo, el cura párroco del pueblo de Dolores lanzó vivas a la religión, a la virgen de Guadalupe y al rey Fernando VII, y pidió la muerte para el mal gobierno, involucrando en la guerra a las masas de campesinos indígenas a favor de quienes decretan la abolición de la esclavitud.

Este hecho que imprimió a la lucha mexicana un carácter social que no tuvieron los otros movimientos libertarios, este hizo despertar el resentimiento de los indígenas contra quienes les había hecho objeto de opresión durante tres siglos; la lucha se convirtió en una violenta guerra de muerte y destrucción contra los peninsulares.

El movimiento insurgente se desplazó entonces al sur de México, dirigido por un nuevo líder, el también cura José María Mórelos y Pavón  debido a que Hidalgo fue aprehendido y mutilado en julio de 1811. María Morelos y Pavón obtuvo grandes victorias contra los realistas, en 1813 proclamó la independencia de la América Mexicana y al año siguiente encabezó la promulgación de la Constitución de Apatzingán, primer cuerpo de leyes con tendencia liberal. Ante el peligro que representaban los triunfos de Morelos, los realistas reforzaron su persecución y lograron su captura, en diciembre de 1815, fue condenado a muerte y fusilado. Tras la muerte de Morelos, la insurrección independentista fuer perdiendo fuerza, quedando solo un pequeño foco en el sur, bajo la dirección de Vicente Guerrero.

Mientras tanto en España, Fernando VII restauró la monarquía, pero estuvo condicionada a cumplir la constitución liberal creada por los cortes de Cádiz, en mayo de 1814 fue restablecido el sistema absolutista, lo que provocó en enero de 1820, un levantamiento liberal  encabezado por Rafael del Riego, que obligó al rey a jurar la Constitución de 1812, al lograr esto, las cortes españolas expidieron una serie de decretos anti-clericales -suspensión del fuero eclesiástico y de las órdenes monásticas, venta de bienes eclesiásticos, reducción del diezmo a la mitad, persecución de clérigos proabsolutistas, que en las colonias causaron gran alarma entre los peninsulares.

En México estas circunstancias ocasionaron que la independencia se consumara de forma muy distinta a como había iniciado. Después de desconocer la constitución española se llevaron a cabo juntas clandestinas con el objetivo de proclamar la independencia y restablecer la forma de vida anterior. Para este propósito, lo primero era suprimir por completo el movimiento insurgente, para lo cual fue escogido Agustín de Iturbide, oficial criollo del ejército realista quien combatía contra Guerrero, pero en vez de continuar una lucha que podía prolongarse demasiado.

Iturbide logró convencer al jefe insurgente para aceptar el Plan de Iguala (febrero de 1821) en el que se proclamaba la independencia y se establecía una monarquía constitucional, invitando a ocupar el trono a Fernando VII, o, en caso de que este no aceptara, algún otro príncipe de la casa reinante española. Tras 11 años de lucha, el acta de independencia del imperio mexicano fue firmada el 27 de septiembre de 1821 (abrazo de Acatempan).

4.2.2.- América Central 

Los conflictos que sufrió el imperio español entre 1808 y 1814, tuvieron repercusión en la capitanía general de Guatemala,  integrada por las provincias de Guatemala, el Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Esta región tenía una estructura social similar a la de México y también había sido afectada por las reformas borbónicas implantadas por la metrópoli.

En Centroamérica no existieron levantamientos en masa pero las noticias dele levantamiento de Hidalgo en México, alentaron cuatro rebeliones, aunque de poca dimensión y todas reprimidas por el gobierno colonial. La primera insurrección se produjo en noviembre de 1811, en la cuidad de San Salvador; la segunda en Granada, en diciembre de ese mismo año; la tercera y la más importante, ocurrió en la cd. De Guatemala en diciembre de 1813, pero fue descubierta antes de que llegara a estallar. El cuarto movimiento rebelde ocurrió de nuevo en San Salvador, en enero de 1814.

Cuando en 1820, el rey de España fue obligado a jurar la constitución liberal de Cádiz, al igual que en México, las élites centroamericanas rechazaron las medidas anti-clericales y la discriminación evidente de las cortes españolas hacia los americanos.

Las diversas intendencias de Guatemala proclamaron la independencia entre los meses de septiembre y noviembre de 1821, después de muchas discusiones, el nueve de enero del siguiente año, toda américa central anunciaba su decisión de unirse al recién formado imperio mexicano.

4.3.- América del Sur

4.3.1.-Río de la Plata y Chile

A principios del S. XX, Buenos Aires, situada en el enclave comercial de río de la plata, reunía las condiciones más favorables para la emancipación. La oligarquía mercantil criolla anhelaba el libre comercio y el final de monopolio español. En 1806, Buenos Aires fue atacada por una flota británica ante la cual, el virrey no opuso resistencia; los invasores ocuparon la cuidad, pero fueron expulsados al año siguiente por una milicia del pueblo de Buenos Aires. Esta acción preparó a esta colonia española para enfrentarse al dominio virreinal. El pueblo de Buenos Aires se negó a reconocer a José Bonaparte como monarca, el 25 de mayo de 1810, obligaron al virrey Basaltar Hidalgo de Cisneros a renunciar, y establecieron la primera junta de gobierno a nombre de Fernando VII, de la cual siete miembros eran criollos y dos españoles. Casi de inmediato, la mayoría criolla expulsó a todos los funcionarios españoles y se estableció como provincias unidas. Esto provocó que las autoridades de la banda oriental (Uruguay, de Córdoba y de Asunción) Paraguay, se negaron a aceptar el centralismo de la junta de Buenos Aires, y se mantuvieron fieles a las cortes de Cádiz. Surgió entonces una seria rivalidad entre las diferentes provincias, que puso en peligro el proceso de independencia, a pesar de estos contratiempos, el movimiento emancipador ya no se pudo detener, gracias a las campañas del general Manuel Belgrano en el norte y las del general  José de San Martin que liberaron Argentina, Chile y Perú.

Se procedió a la declaración formal de la independencia el 9 de julio de 1816, acordada en el congreso de Tucumán, donde los delegados proclamaron la independencia de España y declararon la constitución de las Provincias Unidas de América del Sur, más tarde, Provincias Unidas del Río de la Plata.

En un intento por lograr la organización nacional, se estableció un gobierno central denominado Directorio, con Juan Martin de Pueyrredón como primer director de Argentina independiente. Sin embargo surgieron dificultades: cada región, esto es, Buenos Aries el interior y el litoral, defendían sus intereses particulares e hicieron fracasar los intentos de Buenos Aires por imponer un gobierno central.

Respecto a Paraguay, en 1810 se proclamó su doble independencia, tanto de Buenos Aires como España y nombrando una junta gubernativa, que después fue remplazada por José Gaspar Rodríguez de Francia, designado dictador supremo de la República. En cambio, Uruguay vivió su proceso distinto: en 1814, José Gervasio de Artigas liberó a la Cuidad de Montevideo y expulsó al gobernador español, pero dos años después los portugueses de Brasil invadieron el territorio, presuntamente para restablecer el orden al percibir que Uruguay se había debilitado tras su lucha contra España; en 1810, el territorio fue anexado a Brasil.

4.3.2.- Venezuela, Nueva Granada y Quito

En Caracas, las primeras peticiones de oligarquía criolla para formar una junta se dieron en 1808, pero fue hasta abril de 1810 cuando, destituido el capitán general, se nombró una junta que, pese a reconocer los derechos de Fernando 7mo, mostraba los derechos independentistas al negarse a acatar la autoridad de las Cortes españolas, y al enviar a Simón Bolívar a Gran Bretaña y Estados Unidos en busca de apoyo. Aunque tuvieron escasos resultados, esto facilitó a Simón Bolívar entrar en contacto con Francisco de Miranda, un viejo revolucionario que ya había protagonizado algunas insurrecciones años atrás. Junto con éste y Antonio Nariño, Bolívar emprendió campañas militares en defensa de la independencia de la confederación americana de Venezuela que, proclamada el 5 de julio de 1811, sería la primera de las declaraciones de independencia de la América española.

En 1814, la contraofensiva realista recuperó el control del territorio y obligó a Bolívar a abandonar Venezuela embarcándose hacia Jamaica; ahí escribió la carta de Jamaica, el cual atribuía a la desunión de los criollos, las derrotas sufridas por la causa independentista.

En 1816, Bolívar emprendió de nuevo la lucha,  no sólo en defensa de Venezuela, sino también de Nueva Granada.

En el virreinato de Nueva Granada los independentistas dirigidos pon Antonio Nariño, y Francisco de Paula Santander lograron algunos triunfos sobre las fuerzas realistas en 1810, sin embargo, la lucha revolucionaria se prolongó durante toda la década. El 7 de agosto de 1819, Simón Bolívar alcanzó la victoria decisiva sobre las fuerzas leales al gobierno de España en la batalla del rio Boyacá, que dio como resultado la liberación de Nueva Granada. El 17 de diciembre del mismo año, se llevó a cabo el congreso de Angostura en el que se proclamó la creación de la República de la Gran Colombia, formada por la audiencia de Nueva Granada, el actual Panamá, Venezuela y Ecuador.

El 30 de agosto de 1821 fue aprobada una Constitución para la Gran Colombia, en la que se establecía una forma republicana de gobierno y se elegía a Bolívar como su primer presidente.

4.3.3.- Virreinato del Perú

Desde finales del siglo XVIII, se habían producido en Perú brotes de insurrección contra el gobierno español. En 1780 hubo una sublevación de sesenta mil indígenas acaudillada por José Gabriel Condorcanqui, quien había adoptado el nombre de caudillo inca, Túpac Amaru; en un principio el movimiento alcanzó algunas victorias, pero fue aplastado en 1781 y su líder fue ejecutado.

Entre 1811 y 1820, las fuerzas realistas en las ciudades de Lima y Cuzco, consiguieron sofocar todos los brotes independentistas. Sin embargo la presencia de José de San Martín en el Sur (Chile) y la de Bolívar en el norte (Venezuela) conformó una amenazadora pinza sobre el virreinato de Perú. Además, tal amenaza coincidió con el pronunciamiento de Rafael del Riego en España, que puso de nuevo en vigor la Constitución de Cádiz.

Con esas circunstancias a su favor, San Martin puso en marcha su ofensiva para liberar a Perú. A bordo de naves adquiridas en Estados Unidos y Gran Bretaña, sus tropas tomaron el puerto de Valdivia y el 28 de julio de 1821, entraron triunfantes a Lima. San Martin fue nombrado protector del Perú. Mientras tanto, Bolívar continuó su avance hacia el sur, y Antonio José de Sucre, su lugarteniente, liberó la cuidad de Quito en 1822; de esta manera, entre Bolívar y San Martín, tan solo mediaba una porción del virreinato peruano y pronto se encontrarían.

Los distintos propósitos que ambos tenían respecto al futuro de América, condujeron a la necesidad de una entrevista, que se realizó en Guayaquil en julio de 1822, y en la que San Martín se dio la culminación de la conquista del virreinato a Bolívar. La fase final de la emancipación sudamericana se inició con la batalla de Junín, que se libró el 6 de agosto de 1824, y se selló definitivamente con la derrota de las fuerzas españolas en la batalla de Ayacucho, el 9 de diciembre del mismo año.

Sólo quedaban por liberarse Cuba y las posesiones del Caribe, pero todavía habrían de pasar varias décadas antes de que el dominio español fuera erradicado de esos territorios; lo cual se realizaría en circunstancias muy distintas del proceso que se llevó en la independencia de Hispanoamérica continental.

4.4.- Brasil

La colonia portuguesa en América siguió un proceso de emancipación distinto al de las posesiones españolas. La economía de Brasil, exportadora de productos agrícolas y oro, estaba prácticamente en manos de los ingleses que desde 1703 participaban de lleno en las actividades productivas. Esta circunstancia impidió la formación de una oligarquía brasileña similar a la formada por los criollos en las colonias españolas.

La invasión de la Península Ibérica por las fuerzas napoleónicas resultaba especialmente amenazadora para la corona portuguesa, aliada de Gran Bretaña. El regente don Juan, decidió trasladarse hasta Brasil a donde llegó a comienzos de 1808 con su familia, los miembros del gobierno y de la corte, un amplio sector de las clases dirigentes, el tesoro y hasta la biblioteca real. De esta manera, Brasil se convertía en metrópoli y se ponía fin al monopolio colonial al abrir sus puertas al comercio, a la vez que se derogaban las medidas que habían prohibido hasta entonces el establecimiento de industrias. Después de la derrota de napoleón, resultaba difícil volver a trasladar la corte de Lisboa e imposible restaurar la situación colonial anterior. Don Juan decidió permanecer en Brasil y elevó al país a la condición de reino, en situación de igualdad con Portugal, pero la revolución liberal portuguesa de 1820 exigió a don Juan que regresara a Lisboa. Ante el riesgo de perder sus dominios en Europa, el monarca aceptó el retorno y dejó en Río de Janeiro a su hijo Pedro como regente.

Sin embargo las cortes portuguesas pretendieron designar a Brasil nuevamente como colonia, lo que condujo a los brasileños a organizar movimientos independentistas, el regente decidió dar el paso decisivo y proclamó la independencia (grito de Ipiranga) el 7 de septiembre de 1822, estableciendo un imperio constitucional.

El 12 de octubre del mismo año fue coronado en Río de Janeiro como Pedro I, emperador constitucional y defensor perpetuo de Brasil.

4.5.-La pérdida de las últimas colonias

Tras la independencia de casi América Latina, España aún controlaba algunas islas en el Caribe, así como las Filipinas y otros archipiélagos en el Pacífico. La colonia más importante era Cuba por su importancia comercial. Cuba vivía, desde mediados del siglo XIX, una cierta conflictividad, habiendo surgido diferentes intentos independentistas que aumentaron tras el sexenio democrático.
Estos movimientos fueron duramente reprimidos pues el interés económico de España en Cuba radicaba en el régimen de monopolio que estaba establecido, lo que era incompatible con la concesión de autonomía o independencia a la isla. Sobre esta situación se producía la presión de EE.UU. a quien se exportaba el 90% de la producción de la isla, y le interesaba una reducción de los aranceles o la liberalización del comercio.
Con este telón de fondo se produce un nuevo intento independentista, en 1895, con el llamado “Grito de Baire”, proclamando, conjuntamente con la República Dominicana, el Manifiesto de Montecristi. Este levantamiento estará liderado por José Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo.

A pesar de la represión de dicho levantamiento, la guerra se vuelve desfavorable para España, cuyo ejército se ve diezmado por las enfermedades y el hambre. En este contexto se produce en febrero de 1898 la voladura del Maine, buque de guerra estadounidense anclado en La Habana, acontecimiento que aprovechó EE.UU. para culpar a España de dicho hundimiento, exigiéndole la independencia de la isla, lo cual no aceptó el gobierno español iniciándose la guerra entre ambos países. La guerra fue desfavorable para España, que salió derrotada en dos batallas navales decisivas, la de Cavite en Filipinas y la de Santiago de Cuba, firmándose el 10-XII-1898 la Paz en París, por la que Cuba sería independiente, quedándose EE.UU. con Puerto Rico, la isla de Guam y las Filipinas, mientras que las Carolinas, Marianas y Palaos se venden al naciente imperio alemán.

 

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